“En Camboya, la expulsión de los espíritus perversos tenía lugar en marzo. Reunían y traían a la capital pedazos de estatuas rotas y piedras, consideradas como escondrijos de los demonios. En la capital juntaban el mayor número posible de elefantes. Al anochecer, con la luna llena, hacían descargas de fusilería y los elefantes daban una carga furiosa para poner a los demonios en huida. La ceremonia se verificaba tres días consecutivos. En Siam, la expulsión de los demonios era llevada anualmente a efecto el último día del año. Un disparo que salía de palacio era la señal, a la que contestaba otro disparo desde el puesto de guardia más próximo y así, de puesto en puesto, llegaban los disparos hasta la puerta exterior de la ciudad. De esta forma se expulsaba a los demonios paso a paso. Inmediatamente después de hacer esto, tendían una cuerda sagrada alrededor de la muralla que abarcaba la ciudad, para impedir que los demonios proscritos regresaran. La cuerda estaba hecha de grama espesa y pintada alternativamente de bandas rojas, amarillas y azules.”
Sir James Frazer. La rama dorada. Traducción de Elizabeth y Tadeo I. Campuzano.