Calvert Casey Instrucciones de Uso

Noviembre 23, 2006

Calvert Casey

a. Todos sus relatos están llenos de trampas, de pasadizos secretos.

b. En ellos se persigue un solo objetivo: que la hierba muerta crezca otra vez.

c. Así muchas veces -demasiadas- se intuye una sombra que de pronto desaparece.

d. (Una habitación sin ventanas en cuyo interior unos ojos se niegan a cerrarse)

e. El único camino para llegar hasta allí es el de la invención, el del simulacro.

f. Para lograrlo los personajes crean una realidad, luchan, dan orden al caos.

g. Su fingimiento -su desesperación- es otro de los nombres de la muerte, aunque no lo sepan.

h. Por lo tanto el deseo, la obsesión y por supuesto la inevitable aniquilación.

i. El abismo puede aparecer al tratar de arreglar el cierre estropeado de una maleta.

j. Y es que Casey no quería dejar nada sin contar, su afán era absoluto.

k. Por eso su obra es un montón de imágenes rotas, de tiempos abandonados.

l. De ahí nace esa melancolía que la recorre, sin prisas, casi en silencio.

m. (Como el sonido del viento al atravesar una calavera)

n. Resumen: dar forma de nuevo a la ceniza, mientras se fracasa, mientras se intuye el secreto.

o. “Como estoy tan solo, y a veces me duelen la cara y los hombros y me doy cuenta de que es la soledad la que me tiene encogido de vergüenza, he inventado a Marta.”


Vacaciones en Camboya

Noviembre 14, 2006

“En Camboya, la expulsión de los espíritus perversos tenía lugar en marzo. Reunían y traían a la capital pedazos de estatuas rotas y piedras, consideradas como escondrijos de los demonios. En la capital juntaban el mayor número posible de elefantes. Al anochecer, con la luna llena, hacían descargas de fusilería y los elefantes daban una carga furiosa para poner a los demonios en huida. La ceremonia se verificaba tres días consecutivos. En Siam, la expulsión de los demonios era llevada anualmente a efecto el último día del año. Un disparo que salía de palacio era la señal, a la que contestaba otro disparo desde el puesto de guardia más próximo y así, de puesto en puesto, llegaban los disparos hasta la puerta exterior de la ciudad. De esta forma se expulsaba a los demonios paso a paso. Inmediatamente después de hacer esto, tendían una cuerda sagrada alrededor de la muralla que abarcaba la ciudad, para impedir que los demonios proscritos regresaran. La cuerda estaba hecha de grama espesa y pintada alternativamente de bandas rojas, amarillas y azules.”

Sir James Frazer. La rama dorada. Traducción de Elizabeth y Tadeo I. Campuzano.


Muerte de un (Falso) Malvado

Noviembre 14, 2006

Jack Palance (1919-2006)


En realidad se llamaba Vladimir Palaniuk y muy pocos actores sabían hacer de malvado como él. Su mirada repartía hostias. No fue casualidad que interpretara a Drácula, Atila o Fidel Castro. Trabajó con Sirk, Godard, Isasi-Isasmendi, Corbucci, Burton. Estuvo en el final de fiesta del viejo Hollywood y recorrió los desiertos de pólvora de Almería. En su juventud se subió a un ring y se estrelló con un B-24. Ganó un Oscar riéndose de sí mismo: en la ceremonia se puso a hacer flexiones con una sola mano y el pánfilo de Billy Crystal pasó miedo. Al parecer también escribía poemas. Fue un buen amigo de Lee Marvin y como no podía ser menos murió en un rancho. Indudablemente Jack Palance no era uno de los grandes: “most of the stuff I do is garbage”, dijo. Malos papeles, directores torpes, guiones tartamudos, películas alimenticias. Sin embargo su presencia en la pantalla era como encontrarse un escorpión en una bañera vacía. Esperemos que ahora por fin Jack Wilson le pueda dar al baboso de Shane su merecido.


Agua Dulce

Noviembre 8, 2006


1968

“Los recuerdos voluntarios de las noches de insomnio, tan diferentes de los involuntarios de los que habla Proust. Por un acto de voluntad podemos recobrar infinitos detalles de nuestro pasado. Ayer, mi memoria, como un faro, recorrió tenaz, fructuosamente los años en que íbamos a Agua Dulce en patota. He visto las ropas de baño que usábamos entonces, no sólo nosotros, sino los demás bañistas. Bellezas de la época, exactas, con toda su frescura. Los fortachones no fueron dejados de lado: el cojo Castro, el hombre de la toalla amarrada al cuello, el que llamábamos Errol Flynn y que tenía un doble. Los helados que comprábamos en la cuesta, el sabor de los helados, su precio. Todo, absolutamente todo, “estaba allí”; sólo era necesario ir a buscarlo.”

Julio Ramón Ribeyro. La tentación del fracaso.